A veces las peores decisiones se convierten en las mejores historias
“Hubiera estado bien salir hoy a la calle, en nuestro 75 aniversario, pero una Hermandad es lo que sus hermanos quieran que sea y nosotros lo somos durante los 365 días del año”.
Las palabras de Agustín ocasionaron una ovación prolongada por parte del público, visiblemente emocionado. Las lágrimas afloraron entre los hermanos, niños y mayores. Las generaciones de capas rojas tenían a la Concatedral ‘llena hasta la bandera’, pero con elegancia y sin perder la calma, respetaron e hicieron respetar a los más pequeños, el lugar donde se encontraban.
Al momento de música y hermandad, que posteriormente se vivió en ese templo, se le queda corta la lírica. En el interior de Santa María empatizó hasta quien era ajeno a esta cofradía. “No puedo mirarle” escuché decir a una pequeña, con los ojos llenos de lágrimas, refiriéndose al Medinaceli mecido por sus portadores.
La circunstancia era tan excepcional, como única fue la Salve (cantada) a Nuestra Señora del Rosario: «Ha sido diferente”, se refería a ella el Hermano Mayor.
Sonó ‘Pureza Marinera’, ‘Rosario de Mérida’ y ‘Siempre la Esperanza’. Los titulares se movieron al compás de la impresionante Banda de Guillena que entró en la Concatedral para acompañar a todos los presentes. Aplausos, banderas de la cofradía al viento, gritos de: ¡Vivan los Infantiles! y las lágrimas dieron paso a la sonrisa serena de satisfacción.


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