“La mejor esencia se guarda en tarro pequeño”.
Qué gran verdad es ésa, y en esta madrugada de Viernes Santo de 2022 se cumple una vez más con la Estación de Penitencia que la Hermandad del Calvario realiza, cumpliendo con una tradición de más de 400 años en la ciudad de Mérida.
Procesión pequeña, sin alboroto ni parafernalia, desnuda de cualquier impostura: auténticamente emeritense. Así es como el Stmo. Cristo del Calvario se presenta cada madrugada del Viernes Santo en Mérida.
Se respira devoción, sentimiento; se siente el silencio, se oyen los latidos de cada nazareno y cada costalero que se abandona por unas horas a la oración y la meditación. Vivimos en un mundo en el que el dolor provocado por la ambición del hombre, que se cree dios, se nos muestra con toda crudeza y ahora más cerca que nunca, pero somos cristianos y por encima del dolor sabemos que siempre queda la esperanza, una esperanza en el reflejo del rostro de Dios en los hombres.
El rostro inerte de Jesús en la cruz nos muestra una pasmosa serenidad que nos lleva a vislumbrar en él, acaso levemente, la inocencia del Bendito Niño que no hace tanto adorábamos en una cuadra entre animales. Y es entonces cuando se viene a la mente la oración que un día más tarde repetiremos de nuevo: “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.
Suena la campana de la Ermita y los nazarenos se disponen a comenzar su estación de penitencia. Tras realizar el voto de silencio, comienzan su caminar para alumbrar las calles oscuras y vacías de la ciudad. La palabra deja paso durante unas horas al sonido constante de la campana, que anuncia a la ciudad y al mundo, que el Hijo de Dios ha sido crucificado.
Cierra el cortejo el paso de Cristo, con caminar lento, racheado y firme; y tras él su barrio, fiel como cada año a su cita, con el pensamiento puesto en aquéllos que se fueron al regazo del Padre sin poder despedirse de su Cristo, tras dos años de ausencia.
En cada parada, los presentes alzan su mirada para fijarse en cada detalle de una imagen que cada cual siente de forma íntima y emocionante. La campana suena y la procesión continúa, a veces entre viandantes y turistas, a veces en soledad con el Stmo. Cristo del Calvario, antes de ser descendido a su Sepulcro Santo.


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